27 Agosto 2020

Alba Aguión

covid-ciencia-2“Hazme un favor, acelerad, acelerad” exigía Trump hace un par de meses a los ejecutivos farmacéuticos en relación a la vacuna para la Covid-19. “Haznos un favor, y empiece a tratar a la ciencia y a sus principios con respeto” le respondía el editor jefe de la revista Science1. Y es que a la ciencia no se le puede ignorar cuando no gusta y luego exigirle soluciones inminentes ante un problema. Trump y su partido (como muchos otros) han recortado sistemáticamente en investigación, incluyendo estudios sobre control y prevención de enfermedades2. Ahora, paradojas del destino, él y el resto de líderes políticos, la han convertido en parte fundamental de su discurso. Y están en lo cierto, será la ciencia quién nos saque de este enredo. Pero no precisamente a acelerones. Para generar conocimiento robusto, la investigación se sirve de entresijos que requieren tiempo.

Aunque invisible para el público, los errores y las correcciones son el pan de cada día de los investigadores. Y es que cualquier estudio que ofrece nuevo conocimiento (esto es, tras formular una hipótesis, recopilar y analizar datos, interpretar resultados y extraer conclusiones - ¡Por si esto fuera poco y rápido!) se somete a una revisión por pares (típicamente conocida como peer review). Este es un proceso exigente, mediante el cual el estudio es evaluado por uno o más investigadores ajenos al mismo, pero con conocimientos específicos en la materia. La revisión por pares acostumbra a tardar meses (o incluso un año), ya que lo común es que se exijan cambios en métodos y resultados que habrá que enmendar para que el estudio pueda ser publicado. Estas revisiones, aunque retrasen la publicación del estudio, son esenciales para promover la fiabilidad de las investigaciones. Como dice Torvalds (el creador de Linux) “Con un número suficientemente elevado de ojos, todos los errores se vuelven obvios”.

revisión-pares

Pasos de la revisión académica por pares. Traducido y modificado de la web Understanding Science, desarrollado por la Universidad de California Museo de Paleontología (2020)

 

Sin embargo, en tiempos de pandemia, estos mecanismos se ven amenazados por la urgencia en publicar. Una amenaza son las plataformas como bioRxiv, donde se comparten estudios que no han sido sometidos al escrutinio de otros científicos (es decir, no han pasado el proceso de revisión por pares). Son algo así como el fast food de la ciencia. Y su uso parece estar aumentado. Aunque ofrezcan soluciones rápidas, sus resultados no tienen la fiabilidad de los estudios publicados en revistas científicas y es fundamental que los usuarios que las consulten sean conscientes de ello.

Las prisas también afectan a los procesos de revisión por pares. Un ejemplo notable ha pasado este año en The Lancet, una de las revistas científicas más prestigiosas a nivel internacional. El escándalo saltó a mediados de Junio, cuando un artículo publicado en ella sobre el uso de la hidroxicloroquina en pacientes covid-19 tuvo que ser detractado. ¿El motivo? Cuando, tras su publicación, empezaron a surgir dudas sobre los datos usados, los autores del estudio reconocieron que se trataba de una base de datos analizada por una compañía externa y que ellos no habían tenido en ningún momento acceso a la misma. La compañía se negó a compartir los datos, de modo que no se podía verificar su fiabilidad. Todo bastante extraño. Aunque sea tentador culpar a los investigadores del estudio, esto evidencia una revisión ineficiente por parte de la revista, que tiene como cometido evitar fallas antes de que el estudio vea la luz. Si bien es cierto que este tipo de errores ya existían antes de la pandemia, las prisas los convierten en más frecuentes. Según la base de datos Retraction Watch Database, a fecha de hoy existen al menos 32 estudios retractados de modo permanente y 3 de modo temporal relacionados con covid-193

articulo-retractado

Artículo publicado en The Lancet (disponible aquí) el 22 de Mayo de 2020 y retractado el 13 de Junio sobre el uso de hidroxicloroquina en pacientes covid-19. La retirada de este artículo se debe a que los datos empleados para llegar a las conclusiones en él defendidas no pueden ser verificados.

Si el “acelerad, acelerad” de Trump puede tener consecuencias nefastas, los parones en seco que suelen sucederse después también. No sabemos qué pasará tras la pandemia, pero se puede pensar en otras catástrofes que necesitaron apoyo científico y ver que sucedió después con esas investigaciones que se echaron rápidamente a rodar. Un ejemplo que nos toca de cerca es la marea negra del Prestige, hace casi 18 años. Fue uno de los mayores desastres ecológicos en Europa y aunque se sabía que podía pasar, no existían planes de actuación para ello. La ciencia tuvo un papel protagonista e inmediatamente después del vertido se hizo un gran esfuerzo para juntar a 212 investigadores, 21 universidades, 17 centros de investigación y 6 centros oceanográficos, y se creó una Oficina Técnica de Vertidos Marinos. Sin embargo, a los 7 años se cortó el dinero, las investigaciones pararon en seco y la oficina se cerró4. Curioso este frenazo, sobre todo ante la existencia de estudios que demostraron que 9 años después del desastre se seguía detectando chapapote procedente del Prestige en playas gallegas5. Tampoco se volvió a estudiar tras el 2007 qué está pasando con el crudo que quedó dentro del barco, y eso que al menos 4 de las fugas detectadas en esa última campaña vertían activamente hidrocarburos al mar6.

restos-petróleoRestos de petróleo procedentes del Prestige a mediados del 2011 (9 años después de la catástrofe) en las playas de O Rostro y Nemiña. Imágenes del artículo científico de Bernabeu et al., 2013

La pandemia que vivimos, antes o después, llegará a su fin. La ciencia sin embargo se quedará con nosotros, ya que es una herramienta indispensable para hacerle frente a cualquier amenaza por venir (y especialmente a la mayor de ellas: el cambio climático). Es vital que la sociedad conozca los mecanismos de los que la ciencia se vale para conservar su eficacia a la hora de proporcionar resultados. El trabajo de investigación tiene que ser lento pero continuo, evitando acelerones y paradas en seco. Lo que los líderes políticos deberían recalcar en estos tiempos no es que se acelere por tener cualquier tipo de dato, sino que tener malos datos puede traer más problemas que no tenerlos.

Referencias

Thorp, H. H. Marzo 2020. Do us a favor. Science. Disponible aquí

2 Mervis, J. Febrero 2020. Trump´s new budget cuts all but a favored few science programs. Science. Disponible aquí

Retraction Watch. Agosto 2020. Retracted coronavirus (COVID-19) papers. Retraction Watch Database. Disponible aquí

4 Declaraciones paraEl País. Noviembre 2013. Las investigaciones de los daños del Prestige se pararon hace siete años. Disponible aquí

5 Bernabeu, A. M. et al. Febrero 2013. Recurrent arrival of oil to Galician coast: The final step of the Prestige deep oil spill. Journal of Hazardous Materials 250-251